San Juan del Río, Qro., a 23 de junio de 2025
San Juan del Río atraviesa uno de los capítulos más oscuros en su historia institucional. La Secretaría de Desarrollo Social, que debería ser motor de bienestar para las familias más vulnerables, está hoy sumida en el abandono, la simulación y el uso faccioso del poder. Y la principal responsable tiene nombre y apellido: Bibiana Rodríguez Montes.
Lejos de cumplir su función social, la dependencia que eencabeza Bibiana Rodríguez Montes se ha convertido en un nido de intereses personales, familiares y políticos. Bajo su administración, los programas desaparecieron, los apoyos se esfumaron y los resultados brillan por su ausencia. Hoy, Desarrollo Social opera como una oficina clientelar, no como una secretaría al servicio del pueblo.
Durante los últimos cuatro trienios del PAN, con sus claroscuros, al menos se observaron esfuerzos, entregas de apoyos y obras visibles. En cambio, con Bibiana Rodríguez Montes al frente, San Juan del Río vive una parálisis social sin precedentes, agravada por una larga lista de denuncias por corrupción, uso indebido de recursos y desvío de fondos públicos.

A esto se suma una práctica aún más ruin: la funcionaria se apropia y presume como propios los programas estatales, adjudicándose logros que no le corresponden, tomándose fotos en entregas gestionadas por otras instancias y utilizando recursos del Gobierno del Estado para simular trabajo local. Una estrategia de maquillaje político que busca disfrazar su ineficacia con logros ajenos.
Mientras miles de familias enfrentan la precariedad, Bibiana Rodríguez Montes utiliza el presupuesto como arma política, premiando lealtades, castigando disidencias y repartiendo beneficios a modo. La opacidad domina su gestión, la ineptitud se ha vuelto norma, y el cinismo institucional ha alcanzado niveles intolerables.
Lo más alarmante es que, lejos de ser sancionada o investigada, Bibiana Rodríguez Montes ha sido premiada con más poder político, como si su desastrosa gestión fuese motivo de orgullo. Esta decisión no solo insulta la inteligencia de los sanjuanenses, sino que representa una auténtica traición al compromiso con el servicio público.
San Juan del Río no merece una funcionaria que ha convertido el abandono en política pública y la mentira en estrategia de gobierno. La ciudadanía exige cuentas, transparencia y, sobre todo, dignidad en el ejercicio del poder.

